Chick Corea

El mes pasado publiqué este artículo en La Región. Así que aquí está el verdadero Chick Corea (clic en la imagen para verlo ¡y escucharlo!). Acompañado por los siempre fabulosos Kin García (contrabajo) y Noli Torres (batería).

 

YO ABRACÉ A CHICK COREA

Como casi siempre toca hablar de lo malo, hoy voy a hablar de algo bueno. Algo bueno de aquí y del futuro. De Gabriel Peso. Porque a pesar de la crisis, con gente como Gabriel hay esperanza.

Gabriel es un chaval de Pontevedra. Tiene veinticuatro años. Simpático. Hablador. Un poco loco como fuimos todos a los veinte. Es pianista de jazz. Premio a la Excelencia Musical de la Fundación Paideia 2012. Y dará más que hablar.

Lo conocí por su profesor de piano en el Conservatorio de Música de A Coruña, Alberto Conde, amigo y gran músico orensano. O neoyorquino. Alberto es de donde haga falta, no tiene límites. Y Gabriel es su alumno diez. Sus dedos recorren el piano como si hubieran sido bendecidos por los dioses en alguna liturgia extraña y secreta que no podemos entender. Escucharlo es emocionarse.

En una comida Alberto me pidió que hiciera el diseño de un CD que le edita a Gabriel la Fundación Paideia y yo, después de ver y escuchar a Gabriel en internet, acepté. El chico es un mago del piano. De esos que solo se ven una vez. Quedamos un día para conocernos y él, un chaval menudo, sonriente, vino a hacia mi con la mano extendida para estrechármela. Le dije que no. Que de ninguna manera.

– Quiero un abrazo.

Me lo dio.

– ¿Por qué? –preguntó después.

– Porque este verano –le contesté–, me voy a hacer una camiseta que ponga “Yo abracé a Chick Corea”.

– Se echó a reir.

Diseñé el disco y el libreto. A Alberto y a Gabriel les gustó. Está por ver si le gusta a la Fundación. Creo que les va a parecer demasiado moderno, pero es igual. Me siento especialmente orgulloso de un texto del interior que dice así:

          “En la película El Pianista de Roman Polansky, el protagonista, Wladyslaw Szpilman interpretado por Adrien Brody en una escena de gran intensidad emocional, toca el piano haciendo volar los dedos sobre las teclas pero sin rozarlas para evitar ser descubierto por los nazis. La melodía sin embargo suena poderosa e inmensa en su interior.
           Las manos del joven Gabriel Peso vuelan también sobre el teclado como ángeles. Pero en su caso para regalarnos toda la riqueza y emoción de su música que como la que sueña Szpilman, también vive y crece dentro de él. Esa música, el jazz, que como se ha dicho es la única música que a través de nuestros pies nos llega directamente al corazón.

          Hablar de virtuosismo en el caso de Gabriel Peso resulta fácil, pero es menospreciar las horas que dedica al piano y casi menospreciar su alma. Mejor escucharlo y disfrutarlo, ya que al hacerlo entendemos por qué Nietzsche pensaba que sin música la vida sería un error.”

Me estoy haciendo la camiseta, pero por supuesto pone lo que tiene que poner: “Yo abracé a Gabriel Peso”. Busquen a Gabriel, escúchenlo y sueñen. No tienen que darme las gracias.

 

Fuente | http://otroscuentosimposibles.blogspot.com.es/2013/06/chick-correa.html?spref=fb

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